martes 2 de agosto de 2011

El perdón (y VII)

Hay quien piensa que todo comportamiento humano, aunque parezca destructivo, siempre tiene en el fondo una intención positiva. Yo también lo pienso así. Por ejemplo, la señora de la que hablaba en la entrada del blog “El perdón (y IV)”, pensaba de sí misma que a veces era agresiva con su hijo y su novio. Ese comportamiento también tenía una intención positiva: la de defenderse de lo que ella percibía como una agresión contra ella por parte de su hijo y su novio (aunque en realidad se trataba de su miedo a que ambos la agredieran).

Tomar consciencia de las intenciones positivas de nuestros actos y de los actos de los demás, puede ayudarnos en ese camino de la reconciliación con el otro y con nosotros mismos. A medida que nuestra comprensión aumenta, podemos empezar a relajarnos y a darnos permiso para elegir otra forma más eficaz y confortable de afrontar el conflicto interno y externo.

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