Todos hacemos daño y a todos nos
hacen daño alguna vez en la vida. “Quien
esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Aunque nos cueste quizá
reconocerlo, si, nosotros también hemos hecho daño a los demás. Puedes darte cuenta
de que es así. Incluso, has sido capaz de lastimarte a ti mismo. No somos
perfectos, podemos hacer daño más o menos conscientemente, en un grado o en
otro, pero todos lo hacemos en algún momento de nuestras vidas.
Cuando alguien hace daño a otro, se suelen
colgar las etiquetas de “bueno” y “malo”, “víctima” y “verdugo”. Socialmente,
está mejor visto ser víctima que verdugo pero lo cierto es que el victimismo no
te ayudará a salir del problema. La víctima, por definición, es alguien que no
puede defenderse, que no puede hacer nada por solucionar su problema. Vestirte
el traje de víctima no hace más que encerrarte en una cárcel de la cual sólo
podrás salir una vez te hayas despojado de esos ropajes.
La ropa del perpetrador tampoco
favorece… Hay quien dice que los perpetradores han sido antes victimas. Por
ejemplo, el padre que maltrata a su hijo es, a su vez, hijo de otro padre
maltratador. Es como si sólo existieran dos posibilidades: ser víctima o
perpetrador.
Frente a falsa disyuntiva mental
de “¿que prefieres ser: víctima o
perpetrador?”, como diría mi colega Luis Bueno, “¿que prefieres ser: víctima o aprendiz?”. Porque cualquier persona
puede ser aprendiz de nuevas maneras de vivir…
Y si miramos a nuestro alrededor,
veremos que si, también hay aprendices. También hay hijos de padres
maltratadores que con coraje reconocen y sanan su herida… Y así es como rompen
la cadena que lleva a la repetición del patrón de generación en generación.
Claro que hay otras cadenas que
no son transgeneracionales… y que también podemos romper.
.jpg)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada