jueves 6 de octubre de 2011

El perdón (y IX)


Todos hacemos daño y a todos nos hacen daño alguna vez en la vida. “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Aunque nos cueste quizá reconocerlo, si, nosotros también hemos hecho daño a los demás. Puedes darte cuenta de que es así. Incluso, has sido capaz de lastimarte a ti mismo. No somos perfectos, podemos hacer daño más o menos conscientemente, en un grado o en otro, pero todos lo hacemos en algún momento de nuestras vidas.
 Cuando alguien hace daño a otro, se suelen colgar las etiquetas de “bueno” y “malo”, “víctima” y “verdugo”. Socialmente, está mejor visto ser víctima que verdugo pero lo cierto es que el victimismo no te ayudará a salir del problema. La víctima, por definición, es alguien que no puede defenderse, que no puede hacer nada por solucionar su problema. Vestirte el traje de víctima no hace más que encerrarte en una cárcel de la cual sólo podrás salir una vez te hayas despojado de esos ropajes.
La ropa del perpetrador tampoco favorece… Hay quien dice que los perpetradores han sido antes victimas. Por ejemplo, el padre que maltrata a su hijo es, a su vez, hijo de otro padre maltratador. Es como si sólo existieran dos posibilidades: ser víctima o perpetrador.
Frente a falsa disyuntiva mental de “¿que prefieres ser: víctima o perpetrador?”, como diría mi colega Luis Bueno, “¿que prefieres ser: víctima o aprendiz?”. Porque cualquier persona puede ser aprendiz de nuevas maneras de vivir…
Y si miramos a nuestro alrededor, veremos que si, también hay aprendices. También hay hijos de padres maltratadores que con coraje reconocen y sanan su herida… Y así es como rompen la cadena que lleva a la repetición del patrón de generación en generación.
Claro que hay otras cadenas que no son transgeneracionales… y que también podemos romper.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada